Me llamo Aránzazu, aunque casi todo el mundo me llama Arantxa.
Vivo en Valencia desde hace muchos años, pero llegué desde Murcia con 18 años y una decisión muy clara: quería estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Para conseguirlo tuve que marcharme a otra comunidad autónoma y dejar a unos 300 kilómetros a todas las personas que hasta entonces habían formado parte de mi vida.
De repente, me tocó aprender a buscarme la vida: encontrar piso, estudiar, hacer la compra, limpiar y ocuparme de todo por mi cuenta. Si me ponía enferma, también me tocaba ir al médico sola. Fue una especie de maduración exprés. No sé si estaba preparada para todo aquello, pero tenía claro lo que quería y estaba dispuesta a intentarlo.
Conseguí terminar la carrera, aunque mi camino dio un giro que nunca habría imaginado. Cuando sufrí el Daño Cerebral Adquirido (DCA), estaba trabajando y me quedaban dos asignaturas y la defensa del Proyecto Final de Carrera. Había luchado mucho para llegar hasta allí y tenía por delante un futuro profesional lleno de posibilidades. La lesión cambió mis planes y me obligó a cambiar de rumbo.
Terminar la carrera fue mi manera de decirle a la vida que yo seguía ahí. Con 18 años había querido comerme el mundo y me había ganado, con mucho esfuerzo, un sitio en aquella mesa. Pero la vida decidió que me correspondía una porción pequeña de una tarta enorme.
La pérdida fue demoledora y sentí mucha rabia. Estaba acostumbrada a seguir adelante, pero tuve que aprender que continuar no siempre significa recorrer el mismo camino. A veces hay que cambiar de rumbo para no hacerse todavía más daño.
Si quieres conocer mejor esa parte de mi historia, te invito a visitar la sección de Daño Cerebral Adquirido.
Mi familia y la maternidad
Si algo tengo claro es que la familia es la familia: o la tienes, o la eliges, o la creas. Con los años he aprendido a valorar la importancia de tener personas con las que contar, aunque la vida no siempre las coloque cerca.
Soy madre de un hijo que tiene dinamita en lugar de sangre en las venas. El movimiento es su mejor amigo, la curiosidad su gran aliada y la necesidad de entenderlo todo, una de sus grandes pasiones. Con él me estrené en el mundo de la crianza, una aventura que no siempre viene con instrucciones.
Estoy divorciada y también he aprendido que criar en equipo cuando ya no sois pareja puede ser complicado. Es una experiencia sobre la que quiero reflexionar y compartir aprendizajes, porque la relación de pareja puede terminar, pero la responsabilidad de criar a un hijo continúa.
Mis blogs: una historia que continúa
En 2019 nació Madre artista en potencia, mi primer blog. Empecé con muchas ganas y sin saber demasiado sobre todo lo que implicaba crear y mantener un blog de crianza. Aun así, aquel comienzo se convirtió en algo muy bonito y muy importante para mí.
Con el tiempo sentí que necesitaba explorar otras formas de expresarme. Así nació Madre artista y trapecista, un segundo espacio que me permite escribir desde otra perspectiva y según lo que quiera contar en cada momento.
Y todavía conservo mi primer espacio en WordPress. Quiero mejorar sus entradas y renovar su aspecto, porque los comienzos también merecen que los cuidemos. Aunque hoy sepa más que entonces, sigue formando parte de mi historia.
Porque no siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero podemos buscar nuevas maneras de continuar. Y yo sigo aquí, aprendiendo, improvisando y creando sobre la marcha.
