Descansar es una necesidad básica y una forma de continuar y hacerlo mejor dentro del mundo de la crianza de nuestros hijos. Tener vitalidad y energía supone descansar. El descanso no es un objetivo, si no más bien un proceso necesario para seguir y lograr la meta. El reposo o el hecho de despejar la mente pueden ser herramientas importantes dentro del camino de la crianza.

D de descanso, D de dinamita
El descanso es algo vital para los seres vivos. Cada ser descansa de una forma diferente, pero cesa su actividad y reposa. Aunque no lo parezca, los padres también somos seres vivos. Puede ser que cuando estamos inmersos en la tarea de cuidar y criar a nuestros hijos, pues se nos olvida que también necesitamos recuperar fuerzas para seguir. Necesitamos descanso.
Los padres somos muy duros, y cuando tenemos que hacer algo para nuestros hijos o con nuestros hijos, conseguimos una resistencia enorme al cansancio. Somos la dinamita que, a veces, se necesita en muchas situaciones para resolver muchos enredos. Se nos olvida que para explotar y resolver, necesitamos tener la pólvora a punto para que la llama la haga explotar.
Si tienes el arco siempre tenso, muy pronto lo romperás.
Gayo Julio Fedro
Debemos mantener presente que necesitamos estar bien para hacerlo mejor. Parar y seguir más tarde no debería de ser una opción, debería de ser algo más prioritario. En bastantes ocasiones, no escuchamos a nuestro cuerpo cuando nos manda las señales. Deberíamos hacerle caso a nuestro cuerpo, pero no lo hacemos porque se trata de nuestros hijos. Ellos son lo primero. Son nuestra prioridad, y, por supuesto, no nos lo permitimos. Este ritmo de seguir siempre nos hace olvidarnos de nosotros, y explotamos. Pasamos de ser la chispa que resuelve a ser la pólvora que explota y genera más estancamiento que solución. Si añades el trabajo, el colegio, el tráfico, las actividades extraescolares, mantener nuestro hogar y las labores del día a día, a la bomba, la detonación puede ser muy grande.
Cuando estalla la bomba, hay daños, más o menos asumibles, luego hay humo y al final llega el caos generado con una situación que era normal en un día a día de hijos y padres.
Tiempo para todo.
No creo que tenga que describir aquí el ritmo que llevamos los padres, a diario, desde que suena el despertador hasta que conseguimos volver a meternos en la cama para cerrar los ojos. Supongo que tampoco es necesario recordar que los días que no tenemos que ir al trabajo, porque no toca, bregamos más que en nuestro puesto laboral. Puede parecer una exageración, pero no lo es, es una realidad. Compaginamos tantas cosas, que es totalmente normal que estemos cansados, e incluso, que tengamos momentos que nos sintamos agotados.
Desconectar de todo no es pasar de todo. Sólo necesitamos interrumpir nuestra rutina, dedicarnos un momento para recargar un poco las pilas y continuar con nuestra marcha diaria.
Diariamente acumulamos muchas sensaciones, y a veces nos sobrepasan. Necesitamos soltar un poco el cuerpo y despejar la mente, aunque sea sólo unos minutos. Minutos que nos dedicamos a nosotros mismos. Tiempo en el que hacemos algo por nosotros y para nosotros.
Posibilidades
Puedes salir del trabajo e irte a tomarte un café de diez minutos sol@ a una cafetería dónde no te conoce nadie.
Puedes salir de casa sol@ a dar un paseo.
En casa, puedes sentarte, apagar todos los aparatos electrónicos y disfrutar del silencio.
Puedes ir andando a ese sitio sin tener que coger el coche.
Puedes sentarte a leer una revista en un banco en la calle.
Puedes coger el camino largo en lugar del corto para llegar al sitio.
Puedes olvidarte el teléfono cuando vas de compras.
Puedes esperar en el coche hasta que salga(n) tu(s) hijo(s) y así no hablar con nadie.
Puedes levantarte de la cama antes que nadie de tu familia para irte a hacer deporte.
Puedes apuntarte a un club de lectura o al gimnasio.
Puedes pedirle a los abuelos que una tarde, o dos, a la semana, recojan ellos a tus hijos.
Puedes fijar una noche al mes de cena con amig@s.
Todo lo que se te ocurra bien hecho está porque te lo pide tu cuerpo, escúchalo.
Conclusión
Yo que soy una madre divorciada, que vive a trescientos kilómetros de su familia, que tiene un hijo que en lugar de sangre en las venas tiene T.N.T, os recomiendo que paréis cuando lo necesitéis.
He descubierto la necesidad de parar, recobrar fuerzas, despejar la mente y seguir, mejor que estallar. Cuando explotas te sientes peor que antes porque no controlas nada. Por eso, descansa, desconecta, haz algo que te haga sentirte bien para continuar. Y si lo haces, lo harás todo mejor y te sentirás mejor.
