Con el nacimiento de nuestros hijos, comenzamos un viaje totalmente desconocido para nosotros. Nuestras prioridades cambian inevitablemente. Su crecimiento y su recorrido por las distintas etapas que se desarrollan en sus vidas se vuelven una gran aventura en el mundo como padres. Puede que nos sintamos solos y un poco abandonados a nuestra suerte, pero la verdad es que no, estamos rodeados de viajeros, pero cada uno con una travesía distinta. Somos unos trotamundos que decidimos cada día nuestro rumbo en este viaje.
La hoja de ruta.
En primer lugar, tenemos que iniciar nuestro viaje. Empezamos el recorrido tras el descubrimiento de nuestra inminente paternidad. La noticia nos trae muchísima emoción pero al mismo tiempo nos sumerge en el mundo de las primeras decisiones a tomar. Desde el nombre tras descubrir el sexo, si le damos pecho o no, si le ponemos más vacunas que las que están dentro del calendario, hasta la ropa que le pones cuando lo vas a sacar a la calle son tomas de decisiones. Siempre querremos construir para ellos un entorno perfecto. La habitación, la cuna, el cambiador, el carro de paseo, la ropa, la bañera, los primeros juguetes, tendremos que decidir, adquirir y preparar para ellos.
Se tiene que viajar para aprender. Mark Twain
La toma de toda decisión significa procesar una gran cantidad de información. Elección de mil elementos siempre condicionada por opiniones, consejos, artículos de revistas o webs de maternidad,…pero sobre todo combinación explosiva con nuestras nuevas sensaciones. Dicen que para construir tu nuevo mundo, debes de modificar o destruir el tuyo actual, porque es un cambio muy grande muy grande en nuestras vidas. Este cambio, a veces, nos puede incluso llegar a abrumar, cierto es, pero como la opción de dar marcha atrás no la tenemos, siempre seguimos hacia delante.
Siempre seguiremos hacia delante, nunca sabremos cómo hacer las cosas, pero siempre las haremos.
Seguimos viajando, y se produce la llegada de nuestros hijos. Ya están aquí, y ¿ahora qué hacemos?Pues nada, comenzar la etapa del viaje en la que, de verdad, somos padres. Hacemos y deshacemos. Descubrimos cómo hacer los mismo de forma diferente o tomamos la decisión de no volver a hacerlo. Ejercitamos el aprender de lo que hacen los demás, y también a decir » nunca voy a hacer eso » y aunque luego, puede ser que lo tengas que hacer. Preguntas más y a más gente, además de conocer a otras persona que están como tú.
Habrán días más cansados y otros que se «pasarán volando». Llegaremos a situaciones en las que no sabemos ni cómo hemos llegado a eso. Escucharás consejos y experiencias, disfrutarás mucho, y también soportarás momentos raros o extraños en los que callarás. Es aquí cuando sientes que no puedes más, cuando tienes que mirar todo lo que has construido y por eso mismo, coger fuerzas y avanzar.
Para, respira, mira hasta dónde has llegado y sigue tu camino.
Continuamos reestructurando nuestro itinerario. No tenemos más remedio que hacerlo porque nuestros hijos siguen creciendo sin preguntar si a nosotros nos van bien sus cambios. O nos adaptamos, o se nos puede embarullar la situación bastante. No es que el viaje sea más difícil, es que se han producido cambios, grandes o pequeños, pero inevitables. Algunas tesituras que parecían estar claras, cambian. Hablan y expresan lo que les pasa por la cabeza. Opinan sabiendo o sin saber, preguntan antes o lo hacen sin pedir permiso, muchas situciones como poco curiosas.
El progreso hacia la madurez empieza con la infancia y no se detiene en la pubertad. La prueba y error llega a sus vidas, pero no por ello el asumir las consecuencias. ¿Cuál es el momento correcto y cuáll es el inoportuno?Nadie lo sabe hasta que se descubre tanto por ellos como por nosotros.
Si una rabieta por algo es capaz de evolucionar a «pedir sin parar», sólo por pedir, nosotros evolucionaremos a ser más severos diciendo que no. Se lo pasarán mejor con los amigos que con nosotros, pero siempre volverán a casa, a su lugar seguro, y nos buscarán porque continuamos siendo su mayor apoyo.
Comenzamos el viajes siendo los que llevamos el timón. Después además de navegantes ayudamos a los grumetes a que se formen para llegar, en su momento, a coger el timón. Serán capitanes de velero o decidirán ir siempre en tren o avión, y ¿quién les va a decir que no lo hagan? En nuestros viajes no sólo decidimos la ruta o el medio de transporte, lo que principalmente hacemos es asumir los roles en las vidas de nuestros hijos.
Conclusión
Nadie te va a decir que criar a tus hijos y cuidar a tu familia es fácil. Día a día, viajamos y aprendemos, rectificamos o nos adaptamos a las situaciones de ese momento. A veces salen las cosas bien, y otras veces no, o simplemente no salen como pensábamos. Podemos ser más arriesgados o más cautelosos. Nunca vas a a encontrar un manual que seguir, y nunca te darán un diploma felicitándote por lo que haces. Nuestros hijos son la mejor experiencia de nuestra vida.
Aprende se ellos como aprendes de la vida. Intenta no exigirte tanto porque ya lo estás haciendo muy bien.

