Con el nacimiento de nuestros hijos entramos en el inicio de un viaje totalmente desconocido. Nuestro mundo se transforma. La prioridades cambian y su crecimiento hace que nos tengamos que adaptar a todo. Las distintas etapas de su desarrollo serán una gran aventura para nosotros pero sobre todo para ellos. Aunque nos sintamos a veces solos, pero nos es así, estamos rodeados de viajeros, pero cada uno con una travesía distinta. Trotamundos decidiendo a diario el rumbo en este viaje.
La hoja de ruta.
Primeramente, comenzamos nuestro recorrido en la crianza tras descubrimiento de nuestra inminente paternidad. La noticia nos trae muchísima emoción pero al mismo tiempo nos mete de lleno en el mundo de las primeras decisiones a tomar. Desde el nombre tras descubrir el sexo, pasando por la habitación, la cuna, el cambiador, el carro de paseo, la ropa, la bañera, los primeros juguetes, tendremos que decidir, adquirir y preparar para ellos.
Para tomar decisiones implica procesar una gran cantidad de información antes. La elección de mil elementos siempre puede estar, o no, condicionada por opiniones, consejos, artículos de revistas o webs de maternidad,… con el aliciente de nuestras propias sensaciones o mejor dicho, de nuestra implacable intuición. Para construir tu nuevo mundo, debes de modificar o destruir el actual, lo que nos puede abrumar al principio. A la vista de que la opción de dar marcha atrás no la tenemos, intentaremos seguir adelante con la ilusión de que lo desconocido va a ser lo mejor de nuestras vidas.
Siempre seguiremos hacia delante, nunca sabremos cómo hacer las cosas, pero siempre las haremos.
Seguimos viajando, y se produce la llegada de nuestros hijos. Ya están aquí, y ¿ahora qué hacemos?Pues nada, comenzar la etapa del viaje en la que, de verdad, somos padres. Hacemos y deshacemos. Descubrimos cómo hacer los mismo de forma diferente o tomamos la decisión de no volver a hacerlo. Ejercitamos el aprender de lo que hacen los demás, y también a decir » nunca voy a hacer eso » y aunque luego, puede ser que lo tengas que hacer. Preguntas más y a más gente, además de conocer a otras persona que están como tú.
Para, respira, mira hasta dónde has llegado y sigue tu camino.
Habrán días más cansados y otros que se «pasarán volando». Llegaremos a situaciones en las que no sabemos ni cómo hemos llegado a eso. Escucharás consejos y experiencias, disfrutarás mucho, y también soportarás momentos raros o extraños en los que callarás. Es aquí cuando sientes que no puedes más, cuando tienes que mirar todo lo que has construido y por eso mismo, coger fuerzas y avanzar.
Continuamos reestructurando nuestro itinerario. No tenemos más remedio que hacerlo porque nuestros hijos siguen creciendo sin preguntar si a nosotros nos van bien sus cambios. O nos adaptamos, o se nos puede embarullar la situación bastante. No es que el viaje sea más difícil, es que se han producido cambios, grandes o pequeños, pero inevitables. Algunas tesituras que parecían estar claras, cambian. Hablan y expresan lo que les pasa por la cabeza. Opinan sabiendo o sin saber, preguntan antes o lo hacen sin pedir permiso, muchas situciones como poco curiosas.
El progreso hacia la madurez empieza con la infancia y no se detiene en la pubertad. La prueba y error llega a sus vidas, pero no por ello el asumir las consecuencias. ¿Cuál es el momento correcto y cuáll es el inoportuno?Nadie lo sabe hasta que se descubre tanto por ellos como por nosotros.
Si una rabieta por algo es capaz de evolucionar a «pedir sin parar», sólo por pedir, nosotros evolucionaremos a ser más severos diciendo que no. Se lo pasarán mejor con los amigos que con nosotros, pero siempre volverán a casa, a su lugar seguro, y nos buscarán porque continuamos siendo su mayor apoyo.
Conclusión
Comenzamos el viajes siendo los que llevamos el timón. Después además de navegantes ayudamos a los grumetes a que se formen para llegar, en su momento, a coger el timón. Serán capitanes de velero o decidirán ir siempre en tren o avión, y ¿quién les va a decir que no lo hagan? Lo principal que hacemos en nuestra vida con nuestros hijos es asumir sus cambios de rol en la nuestra.
Nadie te va a decir que criar a tus hijos y cuidar a tu familia es fácil. Día a día, viajamos y aprendemos, rectificamos o nos adaptamos a las situaciones de ese momento. A veces salen las cosas bien, y otras veces no, o simplemente no salen como pensábamos. Podemos ser más arriesgados o más cautelosos. Nunca vas a a encontrar un manual que seguir, y nunca te darán un diploma felicitándote por lo que haces. Nuestros hijos son la mejor experiencia de nuestra vida.
Aprende se ellos como aprendes de la vida. Intenta no exigirte tanto porque ya lo estás haciendo muy bien.

